De los barrios en peligro a los barrios peligrosos

PetrucciAlicia Petrucci

Licenciada en Trabajo Social

Docente e investigadora de la Facultad de Trabajo Social
 
En la entrevista con Alicia Petrucci se abordaron los ejes de su investigación: la intervención social, la conformación barrial, y la cuestión de la inseguridad/seguridad.
La Licenciada Petrucci  dirige el PID 5060 “De los barrios en peligro a los barrios peligrosos. La construcción social de los barrios peligrosos/inseguros y su relación con las intervenciones”, donde analiza el caso del Barrio Francisco Ramírez desde una perspectiva histórica partiendo de la década del ’80.
 
— ¿Cuál es el objeto de estudio?
— Para armar el objeto de investigación estábamos interpelados, en principio, por dos cuestiones. Por un lado, los resultados del proyecto de investigación anterior, que refería a los delitos juveniles y la relación con la exclusión social en Paraná. Por otro lado, la cátedra Historiografía de la Intervención Social de primer año de la Licenciatura en Trabajo Social y de la Licenciatura en Ciencia Política, nos interpelaba desde el concepto de intervención social: de cómo se  interviene para fortalecer la cohesión social, cómo las diferentes políticas sociales y otros agentes de intervención, ayudan a que la cohesión se mantenga en un contexto  de desigualdad, como lo es un sistema capitalista.
El barrio Francisco Ramírez había sido objeto de prácticas académicas de alumnos realizadas en los años 1985/1986, los documentos producto de las mismas lo mencionaban como un barrio tranquilo, un barrio trabajador. Estas sistematizaciones nos asombraban, porque no guardaban ninguna relación con la realidad que se mostraba en el año 2006, cuando empezamos el proyecto. Nuestra pregunta fue cómo se pasó de un barrio tranquilo, de trabajadores, a un barrio peligroso, tal cual afirman los diarios y los propios vecinos.
 
— ¿Cuál fue la metodología que emplearon?
— A la investigación la dividimos en dos planos: en el del ayer y en el del hoy. Trabajamos con métodos cuantitativos y cualitativos. Los cuantitativos fueron los censos de 1981 y 1991, para ver la cantidad de población, de pobreza, de hacinamiento. En cuanto a los cualitativos, realizamos un análisis de los ´80 tanto a nivel contextual como a nivel local: trabajamos con los diarios, para ver cómo era visto en los medios el tema de la inseguridad y con los documentos de la Facultad de Trabajo Social, que son las sistematizaciones de los alumnos. Con esto establecimos tres ejes de  trabajo para analizar comparativamente con la actualidad. Estos ejes tienen relación con las palabras claves del proyecto: la intervención social, cómo se desplegaron en los ´80 las distintas políticas sociales y cómo se desplegaban ahora; la cuestión del barrio, cómo se fue configurando el barrio como territorio, como zona desde lo urbano en los ´80 y cómo era visto hoy; y la cuestión de la inseguridad/seguridad  vista como construcción, sentidos tanto en  términos de protección social  como criminológicos. (continúa)
 
— ¿Podría ampliar un poco más sobre ese concepto?
 A la inseguridad social Robert Castel la caracteriza  a partir del ascenso de las desprotecciones  por  la caída de la sociedad salarial que arranca promediando  los ´70. La sociedad salarial, a grandes rasgos,  tiene como eje central de integración social a la cuestión del trabajo. A partir de la caída del Estado de Bienestar, a mediados de la década del ´70, se comienza a erosionar el sistema de protección social hasta ese momento construido sobre el eje del trabajo, se origina entonces lo que el autor denomina la inseguridad social. Paralelamente se empieza a gestar el concepto de inseguridad civil en términos del miedo de los ciudadanos a la pérdida de la propiedad (privada) y a la cuestión del miedo por  la seguridad individual. Ese es un poco el juego que Castel hace, dice que al amparo del declive de la sociedad salarial, se va gestando un corrimiento de la conflictividad social centrada en la problemática del trabajo hacia el tema de la inseguridad civil. Marca un retorno de las clases peligrosas, que fue lo que ocurrió a mediados de siglo XIX con la emergencia de la cuestión social obrera. En cierto modo  una reminiscencia de  aquella época, porque ahora lo peligroso se deposita en un sector que no tiene acceso al trabajo, que no tiene acceso a las protecciones civiles y es configurado como peligroso, inseguro. 
 
— ¿Con qué se encontraron cuando hicieron el registro en diarios de vinculados con la inseguridad civil?
— Con algo muy curioso, en aquellos años, en los 80,  el término inseguridad, la categoría, no aparece como tal. Trabajamos con los ejemplares de El Diario, de todos los meses de diciembre y julio de cada año, a partir de 1985. Pudimos ver que solamente existía la página de policiales y ahí depositaban la cuestión de los delitos: no había delito callejero, o al menos no aparecía ahí en las noticias; en su mayoría figuraban asaltos. La Plata, Mendoza, Córdoba y Rosario, eran los lugares donde se verificaban noticias de ese tipo, en Paraná casi no se registraban. Respecto a los barrios,  observamos  noticias respecto al reinicio del vecinalismo y a nivel social aparecía mucho la cuestión de esta vuelta de la democracia, incluso en la universidad. Se mencionaba el volver a la regularidad, la "normalización” de las instituciones, la reincorporación  al Estado de muchos empleados públicos, cesanteados en la dictadura. Eso se observaba en los diarios. La palabra inseguridad, los delitos callejeros, el miedo, la sensación de inseguridad que se dice hoy, no existía, no estaba  nombrado. Recién a partir de los ´90 comienza a figurar. No exactamente con la década, sino a partir del ´93-´94 arranca con mucha fuerza en los diarios el término inseguridad y se va consolidando en un único sentido, según hoy hegemónicamente se lo entiende: el miedo al delito, al delito callejero, a la violencia urbana. Hoy en un periódico la cuestión de la  inseguridad aparece en todas las secciones del diario: en la parte política, en la económica, en la social. Antes era nada más que en esa sección policiales.
 
— En cuanto a cómo influyen las políticas sociales en la configuración del barrio, ¿qué es lo que han podido relevar a lo largo de la historia de este vecindario?
— Hay un reconocimiento colectivo de la fortaleza que tuvo la política de autoconstrucción de vivienda, esto surge en las entrevistas con los actores históricos del barrio, tanto personas que participaron en cuestiones comunitarias, otros que no participaron y gente que vivió y participó y hoy no está en el barrio. La autoconstrucción posibilitó conocerse trabajando y armar vínculos en la década del ´80. Nos sorprendió que ese barrio del que hablaban, hoy no existe. Era un lugar, con mucha pobreza, pero con cierta cohesión interna fortalecida por vínculos de trabajos, con redes solidarias internas. La red social armada a raíz de ese programa de construcción de vivienda, hizo de ese sector del barrio una comunidad. Luego, por el año 1989, se construyó el barrio de monoblocks: Paraná XVIII. Esta edificación fue muy brusca por dos factores. Primero por la parte arquitectónica, uno se encuentra caminando por una de las calles, con un inmenso paredón que son las paredes de los monoblocks. Por otra parte, los vecinos cuentan que se utilizó un espacio verde donde se realizaban actividades comunitarias, por ejemplo allí se jugaba al futbol los fines de semana y asistían todas las familias a ver los partidos. A esta pérdida de ese lugar físico y el aumento de densidad del barrio, se sumó el acceso de los jóvenes a la droga y la pérdida de trabajo de muchos vecinos. Se cerraron la fábrica de broches, la fábrica Portland y la fábrica de cerámicos Coceramic que daban trabajo a muchos vecinos.
 
— ¿Qué consecuencias trajeron estos cambios?
— Todo eso fue como un combo que generó algo explosivo. Los jóvenes dando vueltas sin tener nada que hacer, sin acceso al trabajo, sin acceso al estudio. Muchos testimonios dicen que esos jóvenes comenzaron a gestar problemas en el barrio. Los vecinos hablan de que la gente ya no podía salir, había perdido esta posibilidad de tener vínculos solidarios entre los vecinos, que esa forma de relacionarse se había perdido y se interrumpían esos lazos sociales. También mencionan la llegada de la política partidaria al barrio. Eso genera divisiones, unos adhirieron al partido radical otros al partido peronista, y ahí comenzó  un proceso de  fragmentación. Los vínculos construidos antes del inicio de la militancia partidaria en el barrio tenían otro cariz. En definitiva, varias cosas sucedieron en esos 20 años que determinó que el barrio perdiera los vínculos que existían y generaron otros modos de interacción. Hoy en día se observa una dinámica con otros vínculos que no son los mismos de la década del ´80, podríamos decir que hoy se vive una convivencia pactada. Hay una regulación social interna, donde interviene el referente político, generando trabajo para los jóvenes, promoviendo acceso a recursos a la población del barrio y eso motoriza cierta regulación. Además, los vecinos afirman que hay  un sector  que comercializa droga y se interesa y  encarga de mantener cierto orden del barrio. Entonces, el puntero hace su tarea tranquilo, quien vede droga lo hace sin que lo molesten y la policía no tiene inconvenientes con nadie. Un vecino dice que existe una tensa calma generada por este tipo de regulación social.
 
— Pero tiene cierta fragilidad.
Por eso, tomo el testimonio de un vecino que dice hay un tensa calma. Y el barrio a pesar de estar tranquilo, la mirada desde afuera lo condiciona pues es mirado como un  barrio de cuidado. Eso está  incorporado.
 
— ¿Qué es lo que buscan con esta investigación?
— Nosotros llegamos a la conclusión de que hay que tener mucho cuidado al planificar las políticas sociales que tienen que ver con la conformación de la trama urbana. La segregación espacial se está comenzando a sentir en Paraná: ya tenemos  delimitaciones que hacen a la diferenciación social: las zonas peligrosas y los barrios privados que se van armando casi paralelamente. Incluso había una publicidad en el diario de Amarras del Sol, que decía: “ahora vivir tendrá sentido”. Esa idea va calando hondo en la trama urbana y genera una fragmentación social importante. Maristella Svampa, habla de cómo esta emergencia nueva de los ganadores y perdedores a raíz del neoliberalismo, a raíz de este nuevo cambio cultural que tiene que ver con ser integrados a través del consumo genera este tipo de fragmentación social y los barrios que van siendo catalogados como peligrosos tienen que ver con eso, con una nueva forma de convivir la ciudad. Esta autora menciona cómo antes se vivía en lo que denomina ciudad abierta, donde había lugar para el intercambio entre clases. Existía, como en los ´80 en el barrio Francisco Ramírez, una posibilidad de intercambio entre clases, de cohesión social entre clases. Lo que hoy visualizamos en cambio, es  un intento de separación y de diferenciación social, es la idea y el deseo  diferenciarse de aquel otro, que no conozco y es diferente (en términos de clase).
 
— ¿Cuál sería el aporte de la investigación?
— Aportamos en señalar las implicancias de las políticas sociales, la intervención incide en  la gestación este tipo de problemas: fragmentación y segregación social. Entonces, una ciudad debería ser planificada para una convivencia de sus ciudadanos, que todos tengan la posibilidad del acceso al disfrute de todos los derechos del espacio público. Son conceptos a tener en cuenta para la ejecución de los planes de viviendas, porque vimos cómo la edificación del barrio FONAVI  Paraná XVIII, significó un gran impacto para esos vecinos del Francisco Ramírez; un cambio negativo en  su dinámica barrial.   
Otro tema es  la  necesaria  desnaturalización de  la categoría  inseguridad, que  está siendo nombrada sólo como inseguridad civil, pues cuanto hay en la nominación, en la categorización una tendencia a la depositación de todos los males de una sociedad   en un sector. Así se invisibiliza al  otro en términos de ciudadanía, pues no pueden ser incluidos aquellos que  están nombrados como peligrosos.
 
— ¿La seguridad social no está garantizada con los planes sociales como la asignación universal por hijo, planes de salud, etc?
— Pero hay  fragmentación en distintas políticas sociales.  Nosotros vimos en nuestra investigación que en la década del ´80 las políticas focalizadas prácticamente no existían: el centro de salud del barrio, la escuela del barrio era el lugar por excelencia de socialización de los chicos y desde donde se implementaban políticas sociales de corte universal. Los padres trabajaban, y ése era el eje de la integración por excelencia.

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