Aromáticas y medicinales, conservación y producción en la UNER

Ingeniera FariasLa Ingeniera Agrónoma Graciela Farías es docente de la Cátedra Botánica Sistemática de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y directora del PID 2103 “Aromáticas y medicinales: conservación y valorización de germoplasma para el litoral argentino”.

En este proyecto lleva adelante un banco de germoplasma cuyos objetivos principales son: la inclusión de especies nativas y exóticas, su conservación, multiplicación, caracterización y estudio de derivados para la industria. Para lograr esto, trabajan en convenio  con la Dirección General de Recursos Naturales de Entre Ríos y la Escuela Agrotécnica Las Delicias, en Villa Gobernador Etchevehere, Departamento Paraná, donde funciona el banco. En la entrevista dialogamos sobre el trabajo que realizan en el mencionado proyecto.
 
¿Qué es un banco de germoplasma?
— Un banco de germoplasma es una reserva activa de material genético donde se conserva y estudia la variabilidad natural de las plantas. Los bancos de germoplasma de plantas poseen colecciones de material vegetal con  el objeto de mantenerlas vivas y preservar sus  características para el futuro beneficio de  la humanidad  y del ambiente. Esto permite conocer las diferentes especies vegetales y realizar un aprovechamiento eficiente de las mismas. El concepto de germoplasma se utiliza comunmente para designar el genoma de las especies vegetales silvestres.(continúa)
 
¿Por qué eligieron formar un banco de germoplasma de aromáticas y medicinales?
— Porque, en el mundo, ya existen muchos bancos de los cultivos tradicionales, como maíz, trigo o soja. De aromáticas, medicinales, condimentarias y nutracéuticas, existen muy pocos. Los bancos de ornamentales, hortícolas y aromáticas representan cerca de un 10% de todo lo que es conservado. Por otro lado, buscabamos alternativas de producción para medianos y pequeños productores, porque queríamos salir de los cultivos tradicionales y extensivos. Entonces, empezamos con un proyecto previo, de cinco años de duración, para la creación del banco de germoplasma. Allí empezamos a recolectar materiales de diferentes lugares y nos encontramos con un gran problema de identificación de especies: mucha gente vendía o producía una especie por otra o inclusive mezcladas. Por eso, en una primera etapa, realizamos un relevamiento e identificación correcta de los materiales; lo que nos llevó a crear el listado de descriptores para tener exactamente identificado y caracterizado el material. Contar con esta  información sobre las especies seleccionadas es  fundamental,  es el punto básico para alcanzar los objetivos del proyecto pues se requiere de un conocimiento profundo de las mismas para que el trabajo de conservación y valorización sea exitoso. Pero el banco de germoplasma no sirve solo para  la conservación. Por lo tanto, en un segunda etapa, se investiga para qué se puede utilizar cada especie y cuál es la forma más eficiente de hacerlo. 
 
¿Cómo es ese proceso?
Las plantas se propagan de acuerdo al material de origen con el que se cuenta, semillas, frutos, estolones, rizomas o cualquier órgano vegetativo, para cada especie es diferente.
Podemos partir desde semillas, hacer el analisis de germinación, evaluar la calidad de la semilla y obtener el plantín en invernadero. Luego, ese plantín es llevado a campo, donde se lo evalúa agronómicamente: se ve el ciclo de vida de la planta, su resistencia a plagas y enfermedades, requerimientos nutricionales y demás características. Todo ese trabajo se hace a campo. Después se realiza la cosecha. A partir de allí, tomando como ejemplo el caso del orégano, se realiza el secado, se separa la hoja del palo y se ve la calidad del material. Cuando se trabaja a escala comercial es en este punto donde se puede detener el proceso y venderlo como orégano seco o se puede realizar la extracción de aceites esenciales. Esa etapa es la que estamos desarrollando ahora, en la cual elegimos el orégano específico para obtener la mejores resultados y no trabajar en vano. Con todas las especies el proceso es similiar, sólo que con algunas se detiene con la obtención de semillas o con las hojas. La etapa siguiente será conservar la semillas en frío.
 
Actualmente, ¿tienen alguna semilla en frío?
— En estos momentos estamos en la etapa de producción de semillas, aunque hemos hecho algo con mostaza y coriandro. Pero la conservación en frío demanda muchas semillas, porque se le deben hacer diversos análisis y hay que lograr bajar la humedad de la semilla para poder guardarla sin que pierda  su poder germinativo. Recien allí se la puede guardar a largo plazo.
 
El trabajo que realizan en campo, ¿es artesanal?
— No, nosotros aplicamos tecnología. Tenemos maquinaria, pero la escala es más pequeña. Por ejemplo, se hace riego por goteo subterráneo lo que significa, para nuestra región, un avance tecnologógico, donde incluso se puede aplicar el fertilizante mediante el agua de riego o algún plaguicida. Pero lo que nosotros hacemos es poner a punto toda la tecnología de producción. Es decir, seleccionamos el material adecuado, conociendo cómo reaccionara cada uno y sabiendo cuál es la mejor forma de producción de cada especie. Aplicamos la tecnología en el hecho de obtener las mejores semillas adecuadas al proceso de producción que se desea implementar.
 
¿Cuáles son las principales especies con las que estan trabajando?
— En el Banco hay más de 100 accesiones (muestra distinta de germoplasma que se mantiene para su conservación y uso), que incluyen especies y variedades de mentas, oréganos, romero, tomillo, cedrón, cúrcuma, echalote, mostazas, melisa, lino, fenogreco, burro, poleo, laurel, yerba dulce, entre otras.
 
Con el orégano se han econtrado con una particularidad.
— Nosotros trabajamos con doce grupos diferentes de orégano, en general en el el resto del país se cultivan diversos  híbridos. En nuestro caso, contamos con los padres originales de los oréganos, eso nos permite trabajar con especies y subespecies de diferentes de orégano. A cada uno de estos se evalúa  según el rendimiento en cuanto cantidad de hojas y también su composición  química. Allí hemos seleccionado un clón, que denominamos “FINIS”, que posee un 84% de carvacrol, que es uno de los dos principales componentes químicos del orégano, junto al timol y que son los responsables de su actividad biológica . Este “quimiotipo” es único en el país, se puede encontrar solamente en Europa, de donde es originario el orégano. Recientemente en el XXXIV Congreso Argentino de Horticultura, realizado en Buenos Aires, obtuvimos el Primer premio por un trabajo sobre este Orégano. 
 
¿Qué es lo importante de que tenga esa composición química?
— El carvacrol es un componente del aceite  esencial que posee propiedades antifungicas, antisépticas, se lo utiliza como insecticida y potencialmente como herbicida. En nuestra región podría utilizarse como reemplazo de los antibióticos promotores del crecimiento en aves y cerdos. Incluso se podría utilizar en humanos. Tiene muchísimas aplicaciones. A partir de esto, la idea es darle una continuidad tecnológica para poder utilizar ese aceite en microencapsulados e incorporarlo en alimento balanceado de aves y cerdos.
 
¿Han hallado alguna otra particularidad durante la investigación?
— Un hecho de otra índole que pudimos observar fue en un análisis de lo que se comercializa como chía en diferentes ciudades del país. Según la normativa, este tipo de productos puede poseer hasta un 1% de impurezas. Sin embargo, hemos encontrado productos con 3; 4; 5 o 10 % de impureza; incluso un par de muestras arrojaron un 100%, ni una semilla de chía. Lo que ocurre es lo que mencionaba en un principio, hay mucho desconocimiento y eso permite este tipo de adulteraciones.
 
¿Qué instituciones integran el proyecto?
— El proyecto fue presentado en la Facultad de Ciencias Agropecuarias, dentro de la cátedra de Botánica Sistemática. Trabajamos en conjunto con la Escuela Agrotécnica Las Delicias y la Dirección General de Recursos Naturales del Ministerio de  Producción del Gobierno de Entre Ríos. Venimos trabajando en el tema hace, aproximadamente, quince  años. Se inició con el proyecto anterior BANCO DE GERMOPLASMA Y SELECCION DE ECOTIPOS DE ESPECIES MEDICINALES Y AROMATICAS” en el período 1997 – 2003, cuyo   director era el Doctor en Química Ricardo Grau Investigador de la  Unidad de Administración Territorial (ex Ceride) CONICET Santa Fe, ARGENTINA. El Dr. Grau por aquel entonces, ya trabajaba en química fina y era el referente de la región en el tema.
 
¿Cuál es el aporte que hace esta investigación?
— Creo que es un aporte importante. Por un lado, constituímos uno de los pocos bancos de germoplasma de aromáticas y medicinales y, desde allí, contribuímos al reconocimiento, conservación y valorización de especies, con el fin de evitar confusiones y mejor aprovechamiento del recurso. Además, la introducción al cultivo de especies nativas o nuevas para la región permite ampliar la base genética, reduciendo los riesgos por daños de plagas y/o enfermedades. Por otro lado, buscamos alternativas de producción. No solamente para el productor agropecuario, también pensamos en el pequeño empresario, que puede comenzar con un pequeño secadero y convertirse en proveedor de especies o trabajar productos que incorporen los aceites esenciales. En este aspecto, desarrollamos un proyecto de extensión, denominado “Diversificación agroindustrial de la agricultura periurbana”, donde se asesorará y acompañará a los productores para que puedan llevar adelante su propio proyecto. Porque existe demanda en el mercado de aromáticas y medicinales, lo que falta son productores que sepan qué es conveniente producir y de qué manera.

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